La Unión Europea diseña un plan de emergencia ante la crisis del combustible de aviación
La Comisión Europea ultima una estrategia integral para mitigar la dependencia del combustible para reactores proveniente de Oriente Medio, en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán. Con la mirada puesta en la temporada de verano de 2026, Bruselas busca diversificar sus fuentes de suministro mediante el incremento de las importaciones desde Estados Unidos y África. Actualmente, el bloque comunitario depende en un 75% de las importaciones del Golfo, una vulnerabilidad estructural que se ha visto agravada por los bloqueos y retrasos en el Estrecho de Ormuz.
El borrador de estas medidas, cuya presentación oficial se espera para el 22 de abril, aborda el desafío de una capacidad de refinado interna en declive. Debido a la transición hacia energías limpias, muchas refinerías europeas han reducido su operatividad, obligando a importar más del 30% del queroseno consumido. El plan de la UE priorizará la resiliencia y la autosuficiencia, impulsando el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF) y alternativas sintéticas para compensar la posible escasez en los mercados tradicionales.
Desafíos técnicos y disparidad entre los estados miembros
A pesar de los esfuerzos por importar combustible estadounidense, existen barreras técnicas significativas: el queroseno de EE. UU. suele tener un punto de congelación más alto que el estándar europeo Jet A-1, lo que limita su uso en vuelos de larga distancia o de gran altitud. Además, la distribución en el centro de Europa depende críticamente de la red de oleoductos de la OTAN (CEPS), lo que añade una capa de complejidad logística a la redistribución de las reservas de emergencia de 90 días que los países están obligados a mantener.
La vulnerabilidad no es uniforme dentro de los 27 Estados miembros. Mientras que países como España se encuentran en una posición de fortaleza al ser exportadores netos de combustible y contar con permisos especiales de tránsito, naciones como Francia y Alemania enfrentan un escenario más crítico. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido que, de no restablecerse el flujo normal, podrían producirse carencias sistémicas hacia el mes de junio, estimando que las reservas actuales podrían cubrir apenas unas seis semanas de demanda.
Por su parte, Bruselas ha rechazado firmemente las peticiones de las aerolíneas para suspender medidas medioambientales como el sistema de comercio de emisiones (ETS). En su lugar, el Ejecutivo comunitario se centrará en mapear la capacidad de refinado existente para asegurar que las instalaciones actuales operen a su máximo potencial. Se espera que el plan también defina claramente qué constituye una "escasez excepcional", una clasificación jurídica que determinará las reglas de compensación para las compañías afectadas por la falta de suministro.
Aunque grupos industriales como ACI Europe han alertado de posibles interrupciones en apenas tres semanas, las autoridades europeas han hecho un llamado a la calma. El comisario de Transporte, Apostolos Tzitzikostas, ha desmentido las evaluaciones más alarmistas, asegurando que no hay indicios de una parálisis generalizada. No obstante, la preparación de una acción coordinada sigue adelante como salvaguarda ante un escenario donde los flujos de combustible del Golfo no se reanuden a corto plazo, excluyendo de estas medidas al Reino Unido tras su salida del bloque.




