John Mcauliffe, director ejecutivo del Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo
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Nacido en Nueva York, con predominante ascendencia irlandesa pero también, según afirma, “holandesa, alemana y de otros orígenes” como muchos norteamericanos, es conocido en medios de la industria de viajes de la región como hombre de gran corazón, muy objetivo y defensor de las libertades. Desde hace años, es uno de los más fervientes defensores de la apertura del mercado turístico estadounidense hacia Cuba, para lo cual considera, entre otros factores clave, la información al público y la educación de los agentes de viajes norteamericanos sobre ese destino caribeño.
¿Cuántos años lleva en la defensa de la apertura de los mercados norteamericanos hacia Cuba?
-Hace 12 o 13 años que trabajo en ese campo. Antes estuve trabajando con Vietnam, Laos y Kampuchea. En tiempos de Clinton se abrieron las relaciones con esos países, entonces comencé a trabajar hacia Cuba, que me ha interesado por muchos años. Me gradué de la escuela secundaria en 1960, cuando se iniciaba la historia de la revolución cubana. El asunto de Cuba es como el de Vietnam, no como una guerra sino un conflicto muy profundo, pero ha habido cierta evolución en los últimos años. Antes de retirarme quiero ver una apertura hacia Cuba, una normalización de relaciones.
¿Se clasifica como un idealista?
-Sí. He trabajado por muchos años en el nivel de base del Partido Demócrata. Me interesan mucho los asuntos políticos, sobre todo en las relaciones de Estados Unidos con otros países, y creo que un principio que no entienden los norteamericanos es el de la independencia. Entienden sobre soberanía con Europa, pero no con los países de América Latina.
Cuando abogaba por la normalización de relaciones con esos países asiáticos, ¿era una normalización sólo turística o de escala general?
-General. Para mí el turismo es una manera de cambiar la política. Tenemos más de 50 años sin una relación normal con Cuba. Hay mucha incomprensión, basada en un análisis politizado. Los viajes abren las puertas. El presidente Obama ha levantado restricciones sobre una parte pequeña, pero esa pequeña parte podría abrir ventanas para luego abrir puertas.
¿Piensa que el gobierno de Estados Unidos está abierto realmente a hacer una apertura plena hacia Cuba?
-Hay varios problemas, entre ellos el psicológico, impulsado por el hecho de que varios presidentes quisieron cambiar las cosas en Cuba y fracasaron. Es un condicionante muy fuerte, y es triste, porque creo que hoy sería fácil construir una relación con el gobierno de Raúl Castro. Posiblemente el presidente Obama entienda esto, pero hay muchos otros problemas, incluidas las guerras, y una política exterior que no es racional. Habría que ver cómo logra el presidente emplear un pedazo de su tiempo y de su poder para arreglar el problema con Cuba.
Creo que el turismo es uno de los problemas politicos más serios. Quizá el presidente puede decir mañana “vamos a vender esto a Cuba”, pero hay mayor resistencia del Senador Menendez y otros en el campo del turismo. Entonces, puede permitir viajes de tipo académico o religioso, de intercambio, pero si se lee el anuncio se ve que la razón que se alega tiene que decir es para separar al pueblo cubano de su gobierno. En cualquier intercambio internacional, la razón sería para enseñar y aprender. De otra forma no hay intercambio. ¿Qué van a pensar los cubanos cuando leen estos anuncios? ¿Van a abrir las puertas para que vengan a separarnos? Así sólo se fomenta la desconfianza.
Nos queda un año y medio antes de la próxima elección. No es seguro que regrese Obama. Si regresan los republicanos quizá veamos una política hacia Cuba como la de George Bush. Nos queda poco tiempo para aprovechar esta oportunidad, y tenemos que impulsar el cambio todos: personas de izquierda, demócratas, hombres de negocios, del turismo, de la cultura, de la política… Es el papel que debemos tener en este año y medio, y por eso he asistido, por ejemplo, al reciente congreso de la Asociación de Agentes de Viajes Norteamericanos (ASTA), en Puerto Rico.
¿Ha asistido a más encuentros de ASTA?
-Siempre estamos en las conferencias anuales, y en los últimos años hemos trabajado mucho y ofrecido conferencias.
En el encuentro de ASTA en Puerto Rico ha habido dos seminarios de formación para mostrar lo que es Cuba. ¿Ustedes lo hacen en otros escenarios, o por otros medios?
-Sí, por ejemplo tenemos un blog, y trabajamos con otros grupos. También participamos en eventos. Fuimos a New York Times Travel Show, y a The Washington Travel and Adventure Show, y en mayo asistimos a Travel Professionals of Color, en Louisville, con agencias de afroamericanos e hispanos. También asistimos a una conferencia en Vancouver, donde se reúnen representantes de universidades, entidades que organizan los estudios en el extranjero y estudiantes de otros países que viajan a Estados Unidos. Ahí estarán los cubanos, por primera vez en seis años.
¿Cómo financian sus acciones?
-Somos una organización no lucrativa y recibimos donaciones de fundaciones y personas que igualmente quieren ver un cambio en esta política. Pero no recibimos mucho, somos una organización pequeña.
Lo he visto regalando una chapa para que las personas promuevan las acciones de normalización… ¿Qué se puede hacer en ese sentido en un encuentro como este, de agentes de viajes?
-Quienes son agentes de viajes tienen un mejor conocimiento internacional que la gente, digamos, común, que no se dedica a la industria de viajes. Aun así, tienen los mismos prejuicios que el resto de la sociedad; leen los periódicos, piensan que Cuba es un país enemigo de los Estados Unidos, peligroso. Son prejuicios producto de que no tienen una experiencia directa. Tenemos, entonces, que ofrecerles un conocimiento de Cuba, un destino que recibe ya más de 2,5 millones de turistas cada año: mayormente canadienses, europeos, latinoamericanos; que tiene hermosos hoteles de cuatro y cinco estrellas; que tiene cualquier cosa que haya en otro país y más: porque tienen una gran historia, una gran cultura, un sistema de educación de calidad y un gran territorio, con diversidad de paisajes. Un país que ofrece mucho a las personas, a los turistas que llegan desde otros países. La información es clave. Y también hay que motivar a los agentes de viajes a usar su poder como ciudadanos para que hablen con sus representantes en el Congreso para que impulsen la normalización, o manden cartas al presidente. Hablar sobre el asunto en sus reuniones especializadas. Cualquier cosa. De cierta forma, son agentes repetidores, están en cada ciudad o pueblo y tienen una política profesional de mantener los viajes abiertos a todos los países.
¿Cómo podría definir sus objetivos para los próximos cinco años?
-Seguir viviendo. Es importante. Pienso que en cinco años podremos terminar con el bloqueo y tener relaciones normales con Cuba. Creo que si es reelegido, Obama, con un congreso de mayoría demócrata, podría lograrlo. Se logrará con voluntad de ambas partes y trabajando para resolver los problemas. Yo voy a seguir trabajando para abrir las oportunidades de viajes.