La rigidez de la legislación de competencia ha originado la crisis de Orizonia, afirman desde Globalia

A nadie le gusta hacer el papel de villano, y menos aun cuando no es realmente responsable del desaguisado. La idea se palpaba en el aire durante la conferencia de prensa que citó el martes con urgencia el grupo Globalia, atacado desde diferentes ángulos como el presunto responsable de la quiebra final de Orizonia por su fallida compra de esa compañía.
Juan José Hidalgo lo dejó bien claro: Negó rotundamente que el fallo de la compra sea responsabilidad de Globalia, y culpó a la legislación actual de excesivamente rígida y no adecuada a los momentos actuales.
La adquisición de Orizonia por Globalia preludiaba que este grupo se convertiría en el mayor gigante de la industria turística española, pero lejos de ello, al final la demora del visto bueno de la Comisión Nacional de Competencia (CNC) terminó en la ruina de Orizonia, que solicitó preconcurso de acreedores y un expediente de regulación de empleo (ERE) que dejará en la calle a 3.500 empleados, otras tantas tragedias humanas de las cuales algunos medios de prensa han culpado a Hidalgo.
Al respecto, el presidente de Globalia ha sido enfático: “nosotros no sacamos provecho de esto, somos unos perjudicados más”, expresó, y recordó que ya habían inyectado más de 21 millones de euros a Orizonia y a cambio recibieron la gestión de los 11 hoteles de Luabay, aunque se trata sólo de la gestión, sin propiedades, acotó.
Con esto, Hidalgo da a entender que no se cubre la totalidad del pago que hizo Globalia, e inclusive señaló que ignoran actualmente si podrán recuperar el resto del dinero, al tiempo que ha negado los rumores de que piensan adquirir otras divisiones de Orizonia.
“Globalia ha cumplido todos sus compromisos con creces para poder llevar a cabo la operación. Incluso prorrogamos el primer plazo que nos dimos en contrato, del 31 de enero al 17 de febrero, para dar más tiempo a la Comisión de la Competencia”, abundó Hidalgo.
El presidente de Globalia estuvo acompañado de su director de comunicación, Julio Martínez, y del director del departamento jurídico de la corporación, Ramiro Campos, quien expuso punto por punto la historia legal del conflicto, puntualizando que ambas compañías llegaron a un acuerdo en diciembre y contactaron con la CNC, ofreciéndole toda la información a tiempo mientras se inyectaba un adelanto de 21 millones a Orizonia.
El pago total ascendía a 140 millones, 60 este año y otros 80 en cinco años.
Sin embargo, al ser válido el acuerdo sólo con la aprobación de la CNC, y al pasar este organismo la operación a segunda fase, para estudiarla con más tiempo, Orizonia decidió entrar en concurso de acreedores con el motivo de estar ahogada por las deudas.
“Pensábamos que era una buena oportunidad”, manifestó Hidalgo. Pero la operación no fructificó porque la legislación es rígida y les ha impedido cerrar la compra en medio de un preconcurso, pues hacerlo hubiera podido poner en riesgo su propio patrimonio, pues si Globalia se hacía cargo de la empresa y abonaba el resto del dinero, podría haber perdido 60 millones.
Hidalgo confirmó que incluso intentó llegar a un acuerdo, con la disposición de abonar el resto del dinero si la CNC le aseguraba que aprobaría la compra, pero aparentemente esa condición no fue aceptada.
Interpelado sobre si habían sopesado bien todos los riesgos, pues la legislación ya existía antes de la compra, Hidalgo aseveró que "pensábamos que nos iban a decir que adelgazáramos alguna parte de la empresa, por cuestiones de competencia, pero no esperábamos tal dilatación.”
En un esfuerzo por solucionar la situación, dijo, “hablé con cuatro ministros y el presidente del Gobierno, y veían bien la operación", explicó Hidalgo, afirmando que el ejecutivo hizo todo lo posible para que la operación saliera adelante.
Ramiro Campos, por su parte, también fue tajante al asegurar que Globalia cumplió todos sus compromisos a rajatabla, y que el principal responsable de la quiebra de Orizonia es la ley de competencia, que se redactó en otros tiempos y no es adecuada para fusiones en las cuales una de las empresas está en situación difícil.
“Globalia ha sido transparente – recalcó Hidalgo – en todo momento. Ante los dueños de Orizonia, ante la opinión pública y ante las autoridades.”
¿Era Orizonia un gigante con pies de barro? ¿Su difícil situación económica no tenía otra salida? Estas incógnitas se quedan en el aire, y aunque no hay datos para apoyar el rumor, lo que no se entiende es que grupos de capital tan poderosos como los dueños de Orizonia no hayan podido sostener la compañía unas semanas más hasta finalizar la venta.
Tampoco lo entiende el español de la calle que ha visto sus vacaciones y viajes arruinados, sin seguridad de que se le devuelva su dinero.