Meliá opera a media marcha en Cuba ante el colapso del turismo
La compañía española Meliá Hotels International atraviesa uno de sus momentos más críticos en la isla caribeña. Al cumplirse el primer tramo de 2026, informes de analistas del sector y fuentes cercanas a la operación confirman que la cadena mantiene inactivas cerca del 50% de sus habitaciones en Cuba.
Desde inicios de año, el colapso energético se ha consolidado como el principal obstáculo para la inversión extranjera. Según fuentes internas de la división de Meliá en La Habana, la decisión de "hibernar" diversas instalaciones no ha sido una elección estratégica, sino una necesidad logística. La inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional y la escasez crítica de combustible han imposibilitado mantener los estándares internacionales de servicio en gran parte de sus 35 hoteles.
La estrategia adoptada por el grupo, liderado por Gabriel Escarrer, se ha centrado en la consolidación operativa. Al concentrar a los huéspedes en unos pocos polos clave —principalmente en Varadero y los cayos del norte— Meliá busca optimizar el uso de generadores autónomos y los limitados suministros de alimentos. Este "modo de supervivencia" refleja una realidad financiera contundente: la isla, que en décadas pasadas fue la joya de su expansión, aporta hoy menos del 2% del EBITDA global de la empresa.
Comunicados internos sugieren que la tasa de ocupación apenas ha logrado superar el 35% durante esta temporada. El retroceso de los mercados europeos y los problemas logísticos de las aerolíneas, que a menudo deben repostar en terceros países ante la falta de queroseno en los aeropuertos cubanos, han frenado en seco el flujo de viajeros de alto consumo hacia las instalaciones de la empresa española.
Pese al panorama sombrío, el discurso oficial de la hotelera sigue siendo de resiliencia. Directivos de la cadena han reiterado su "compromiso histórico" con el destino, apostando por una recuperación a largo plazo. Sin embargo, bajo condición de anonimato, fuentes del sector advierten que el límite operativo está bajo una presión extrema. El costo de mantener "hoteles fantasma" cuya infraestructura se deteriora por la falta de mantenimiento representa una carga financiera cada vez más pesada.
El futuro de Meliá en la Mayor de las Antillas depende menos de su capacidad de marketing y más de una estabilización estructural del país. Por ahora, el buque insignia español permanece anclado en un puerto de incertidumbre, esperando una chispa —literal y metafórica— que permita reactivar la mitad de su negocio que hoy permanece en penumbras.




